08 enero 2014

PINTURAS de JUANJO UREÑA


Estas pinturas muestran cómo las cosas que acontecen no pasan sin que despierten alguna reacción dentro de uno.

El primer cuadro, un muchacho montando un burro, crea una escena muy alejada del ambiente que vivimos. Una estampa rural que ya no es fácil encontrarla cuando viajamos -al menos en este país-, y sí acaso un tanto peculiar, si reconocemos la juventud del personaje (¿Evocar un pasado no muy lejano? Acaso ¿un sentimiento cercano a la ejecución de la pintura?).

Del segundo al cuarto cuadro, podemos vislumbrar una mirada atenta a espacios y objetos: Se diría que lo cotidiano, lo más cotidiano, cobra protagonismo para recordarnos lo importante que somos en el día a día.
Sorprende la atención que el autor ha puesto en la disposición ordenada de los frascos de la alacena: ordenado y limpio -cosa que puede asustar por lo que tiene de alienable-, cristalino y lúcido -puede verse sin dificultad el color del contenido que albergan: transparencia de los sentimientos, tanto de uno mismo como de los demás.

El quinto cuadro revela figuras a contraluz bajo una lluvia fría, marco de actividades que no condiciona; una lluvia azul, que casi ha pasado (¿desapercibida?).








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