17 enero 2014

Exposición de Antonio Campillo









Rompen de forma simpática el entorno arquitectónico y vegetal de la glorieta de la ciudad de Murcia una serie de esculturas bastantes realistas, unas esculturas que forman parte de un conjunto que se exhibe en esta ciudad en tres locales muy cercanos, y que son obra del artista murciano Antonio Campillo.
La primera vez que me tropecé con estas esculturas no hacía más que, medio dormido, marchar de camino hacia el trabajo, atravesando el ayuntamiento. ¿No dicen que la primera impresión es la que cuenta? Confieso que me sentí sorprendido en el sentido literal del arte ante las figuras de unas señoras montando en bicicleta, ahí, justo detrás de la negra escultura del cardenal Belluga.
Unas semanas más tarde (hace un par de fines de semana) decidí visitar la exposición, comenzando por la primera colección localizada en el Palacio Almudí, y mi expectativa de seguir sorprendiéndome se difuminó, puesto que no hallé más que un conjunto de esculturas de señoras orondas y sebosamente figuradas en la forma de que ofrece un huevo. Distintas poses de lo que parece ser la figura de la mujer típica y tradicional murciana, desnuda, con los encantos de las Venus prehistóricas. De todas me llamó la atención una, la única que figura un cuerpo velado por una tela a modo de vestido y que representa una alegoría de la primavera (murciana).
Luego, tras unos escasos diez minutos de paseo hasta la glorieta, visité la pequeña galería de la CAM, donde se hallan reunidas en su mayoría esculturas de tema tauromáquico. Interesantes. Demasiado aburrido. Monotemático. Pero algunas piezas, las más pequeñas, eran atractivas.
Y finalmente en la Iglesia de San Juan de Dios, una colección de arte sacro del artista, que, sinceramente, a mí no me gustó nada. He de declarar que, sin duda, no soy un experto en la materia, y que estoy dejando constancia de mi opinión como espectador sensible al arte, y con la convicción de que lo primero que me tiene que entrar una obra es por los sentidos. En general, por no decir en su totalidad, no me gustó esta colección, pero rompamos mi apreciación con una nota de algo peculiar que captó mi atención: una figura de un San Juan niño, que me retrotrajo a casi una año atrás, cuando en el Museo Arqueológico de Tarragona descubrí una escultura en mármol de un (héroe griego) Hércules niño. Inocente. Muy pueril. Por lo demás, lo siento, me esforcé, no me gustó nada.
En una hora, tranquilamente, se pueden visitar los tres locales que forman la exposición del artista. Merece la pena, pero como siempre si antes uno no va con expectativas de encontrar algo variado y tan rico como lo que decora estos meses la glorieta.

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