12 enero 2014

Casi un siglo de vida pintando: Gregorio Prieto (XXII)

El postismo es un movimiento marginal, cuyo nombre es la contracción de "postsurrealismo", pero que en un principio quiso significar "el ismo que viene tras todos los ismos". Con esta denominación querían significar que este movimiento venía a ser la síntesis de todas las vanguardias literarias precedentes.
En España, junto al catalán Dau al set, fue el único movimiento que asumió las vanguardias europeas tras la Guerra Civil. Fue impulsado sobre todo por Carlos Edmundo de Ory y Eduardo Chicharro Briones, y en él figuraron durante algún tiempo escritores como Francisco Nieva, Ángel Crespo, Gloria Fuertes, etc.
La tradición en que bebe el Postismo es profunda: su posición anticanónica y contrafactual paradójicamente echa raíces en la ingeniosidad verbal del barroco y los pastiches gozosos de las sátiras dieciochescas, y pasa por el talante estrambótico, festivo y burlón, de escritores decimonónicos como Ros de Olano y Miguel de los Santos Álvarez, para enlazar con el esperpento de Valle Inclán, la factoría gregueresca de Ramón Gómez de la Serna y, ya desde las vanguardias, con el absurdo y el humor surreal de sus discípulos Tono, Miguel Mihura, etc.

El Postismo tuvo repercusión en las artes plásticas y en la literatura y reacciona en esta última contra las corrientes contemporáneas que Dámaso Alonso definió como Poesía desarraigada y Poesía arraigada. Se trata de una corriente que pretende sintetizar las estéticas de vanguardia de preguerra en una especie de neodadaísmo germinal y como tal rechaza todo dogmatismo o imposición. Sus principios pueden reducirse a: supremacía de la imaginación que depende del subconsciente y la razón; utilización de materiales sensoriales, su carácter lúdico, dionisíaco y humorístico, control técnico que incluye la exploración de las posibilidades del lenguaje, voluntad de destruir prejuicios.









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