12 enero 2014

Casi un siglo de vida pintando: Gregorio Prieto (XXIV)

El dios Apolo, afectado por una de las flechas de Eros, amaba a Dafne, pero ella no le correspondía y le esquivaba. Apolo la persiguió, y ella huyó hacia las montañas para evitarlo; entonces ella se encomendó al dios del río Peneo, que la transformó en un laurel. De sus pies fueron saliendo raíces y sus extremidades se convirtieron en frondosas ramas del árbol que desde ese momento fue el árbol consagrado a la divinidad. Sin embargo, en la obra de Prieto no acaba transformándose Dafne, cuya alusión aparece a la izquierda, sino un joven, representado doblemente en su metamorfosis: lo inalcanzable. Amargo sabor del que persigue en vano encendido por el calor de una herida profunda.

No hay comentarios: