12 enero 2014

Casi un siglo de vida pintando: Gregorio Prieto (XII)


(Escribo bajo la imagen de mis cuadros favoritos de este pintor que) La primera vez que oí hablar de Gregorio Prieto no era más que un estudiante de secundaria, atraído más por los nombres de aquellos poetas que formaban la Generación del 27. Y no sólo eran poetas, pero esos jóvenes eran mostrados -y estudiados- en los libros de texto sólo como poetas. Grave error. Como sabemos, había más actividades, otros, en menos número que aportaban su visión de la realidad, su opinión con respecto a los distintos aspectos de la vida, por medio de la música, el cine, y la pintura.
Y la primera vez que pude contemplar los cuadros de Gregorio Prieto, ignorando que se encontraran en su ciudad natal, en Valdepeñas, fue con motivo, un verano ya lejano, de unos cursos que organizaba a finales de junio principios de julio la UNED de esta localidad.
Esa misma tarde tuve la oportunidad, por cortesía del encargado de turno, de poder echar un vistazo a otros cuadros que por falta de espacio no estaban expuestos en la casa que sirve de museo a la Fundación de dicho artista.
Quiero destacar los cuadros, que mayor impronta me han causado: el primero tiene como localización el santuario de Apolo en Delfos, y pertenece a la colección de pinturas realizadas en Grecia. Me gusta valorar los cuadros más, más pequeños (del autor que sea) por considerar la habilidad minuciosa y detallista en la ejecución, frente a los lienzos inmensos, por eso resulta este cuadro una excepción dado el conjunto de figuras reunidas en ese espacio mítico, ahora arqueológico, de Delfos.
Luego está el cuadro del joven que en una noche de luna llena abraza ligeramente a una escultura ibérica. Hechizo, misterio, soledad...belleza. Fascinación por la belleza de la profundidad de la mirada de todos los personajes figurados, que a mí personalmente me conducen a otra mirada de pozo profundo: contémplese el dibujo que yace bajo estas líneas.


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