miércoles 2 de junio de 2010

La memoria de los peces (1ª perla)

Hace muy poco tiempo, pongamos tres años -que no son nada y pasan rápido- escuchábamos a menudo que alguien cercano había comprado un pisito por doce millones, que lo había vendido por treinta, y que a continuación iba a invertir el dinero en otro, que pensaba venderlo por cuarenta y dos. Tal como es abajo, es arriba: así ha funcionado la economía, y al tiempo que se llenaban los bolsillos, el gasto duplicando las ganancias. Pero todo esto se ha olvidado.
Algunos llevamos años y años trabajando con la sana ambición de mejorar nuestra posición, atentos a las ofertas que la vida va ofreciendo (ahora un caterin, ahora un supermercado, ahora una oficina, ahora un puesto más elevado, luego una oposición...), pero truncadas, porque tenemos que pagar por esos especuladores menores y mayores, valga la expresión, de los que nadie se acuerda. Resulta que la burbuja económica en realidad era una pecera, desde cuyo interior el mundo se veía ampliado, y cuya experiencia, como lección aprendida, se limitaba a nadar sin guardar la ropa.