Escuchando al señor José Mª Aznar recientemente, pueden establecerse paralelismos entre sus apariciones en público y las que frecuentemente protagonizan pseudofamosos del llamado mundo del corazón, que nos gusta denominar de la prensa amarilla, por la similitud con el jugo del hígado, la bilis, la incipiente cólera o enfado terrible. Y hasta se tienen los mismos resultados: ictericia.
No han pasado mucho tiempo -es un decir, por lo que cabe a una persona que va a lo suyo en el día a día- de las mentiras que justificaron la intervención en Iraq, que nos costó un atentado terrorista en plenas elecciones. Pero eso se ha olvidado, más aún subidos en el trono del tono destructivo del discurso. Por sus hechos los conoceréis, por más que sean ensayos de libros que no escriben sus autores, o discursos complacientes a un año de las próximas elecciones.




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